Bell Ville

Recuerdo mi niñez/ adolescencia…La vida cotidiana en Bell Ville era  la de un mundo muy chiquito. Todos nos conocíamos.

Caminábamos bajo tipas y plátanos. Sabíamos dónde encontrarnos. Nos juntábamos en bares, en el diquecito, el parque Tau. En la Rinconada para el día del estudiante. Antes de entrar al Colegio Nacional, bajo los árboles de la plaza. Fumábamos Particulares y armados. Militábamos. Creíamos en la revolución y “el hombre nuevo”. En la igualdad, en los valores.

La sociedad estaba fuertemente movilizada y politizada.

 Tomábamos sangría en el Hongo. Soñábamos con un mundo mejor, sin pobres ni excluídos. Con justicia e ideales. Ibamos a las villas, alfatetizábamos. Los centros de estudiantes eran ámbito de debates, acción y lucha. Se escribía, hacía teatro, música, la cultura a la orden del  día. Mateábamos, charlábamos horas. No había celulares, ni gendarmes sino radio para informar al pueblo, tampoco bares a la orilla del río, sino ARTE. Nos mirábamos a los ojos. Armábamos castillos de arena, en medio del olor a eucaliptus. De naranjas y pájaros.

Participábamos de recitales, leíamos libros en grupos y discutíamos. Poesía, marxismo, escritores latinoamericanos. Compartíamos construcciones colectivas y humanismo. Solidaridad. Celebrábamos amores eternos y efímeros.

Los chicos tenían  pelo largo, las chicas minifaldas y alpargatas…

Mi casa era refugio del que la necesitara. De noche dormíamos con las puertas abiertas.

Salíamos sin documentos. Vivíamos en libertad.

Tiempo antes del golpe del 76 el miedo comenzó a impregnar la vida, Estaba presente en la escuela, en la calle. Comenzó la  persecución política. La triple A amenazaba, ponía bombas  que estallaban en la noche (ellos siempre operan desde las tinieblas). Falcón verdes y espías. Se fue instalando la cultura del miedo. Del “no te metás”, “por algo será”.

La despolitización y el silencio. También la sospecha. Miedo. Represión y autoritarismo que neutralizó cualquier respuesta de la sociedad.

Muchos chicos y chicas tomaban el camino del exilio, otrxs del insilio. A muchos de  mis amigxs de entonces no los volví a ver nunca más: fueron asesinados/ desaparecidos.

Los medios preguntaban ¿sabe usted donde está su hijo ahora?. Esos periodistas cómplices nunca fueron juzgados. Igual que empresarios, curas, profesores que delataban a sus alumnos.

Estamos atravesando, peligrosamente, una situación que recuerda a aquéllos tremendos días. Donde se naturalizan horrores como el hambre de los niños, jubilados gaseados que resisten a pesar de la violencia desatada en su contra. La mentira. Que se compren armas  que no necesitamos en lugar de educación y salud públicas para todos y todas. Que los jueces no sean nombrados a dedo, que el Congreso vote DNU que entregan derechos y soberanía.

Como sobreviviente del Terrorismo de Estado siento que no nos merecemos esto. Nosotrxs  ni los 30000. Que es necesario despertar y  decir BASTA, recuperar las calles  y parar el odio. Encontrarnos para reconstruir la patria secuestrada.

Silvia Lacreu. Marzo 2025.

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