Soy Silvia Lacreu, de Bell Ville, Córdoba. Nacida en noviembre y escorpiana. Trabajadora de la educación en la Escuela Normal “Juan P. Pringles” dependiente de la UNSL.
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Me jubilé luego de mucha persecución y macartismo barato. Es el costo que pagamos los que pensamos diferente, que persistimos y no renunciamos. Tengo 70 años cuatro hijos, tres nietos y muchos proyectos. Escribo desde que intentaron robarme las estrellas, los soles, las palabras. Y el aula. Desde las entrañas, porque soy sobreviviente. Y como dice Ana…”seguimos rompiendo silencios”.
Escribo porque me encontré – nos encontramos -un día lejano e inolvidable – con la Tukis y el taller “Alas letras” que siempre extraño. Siento que se pierde lo que no se comparte. Los bagajes de sueños y de utopías construidas a lo largo de la historia y de la vida. La pandemia los dejó detenidos en el tiempo y pretendiendo el reinado de la sinrazón y la post verdad. No es así, siempre existen los intersticios. Escribo porque extraño el aula, los chicos, sus risas. Su asombro y pasión por el conocimiento.
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Los compañerxs. Escribo porque compartí mi praxis por esos años –los 90 que fueron continuidad de la dictadura y el menemato- con compañeras combativas, íntegras, solidarias. Que ponían el cuerpo. De los mediocres y hacedores de vergüenzas, mejor ni hablar. De aquellos que se beneficiaron con nuestras luchas y hoy son amnésicos, tampoco. Siguen pernoctando en las sombras haciendo daño, mintiendo, calumniando.
La vida es maravillosa y los secuestradores de sueños pasan sin dejar memoria, aunque hagan demasiado daño. No serán remera ni tendrán nombre de calles que los recuerden. Por todo esto y por los ausentes que nos robó el terrorismo de estado, escribo. Por esa generación de los 30.000- los mejores – que nos faltan y se siente. Porque soy sobreviviente y los extraño. Y porque quiero seguir tejiendo y destejiendo historias y memorias