A 50 años del golpe de Estado en Argentina, los colectivos de bordado colectivo y memoria se convirtieron en una herramienta federal y masiva de resistencia pacífica. A través de banderas gigantes, pañuelos y talleres, miles de manos anónimas bordan nombres, historias y rostros de desaparecidos para llenar las calles de memoria, verdad y justicia.





“Contar historias en el bordado no es un lujo, es hacer lugar a la historia de la vida”, dicen en “Trama Viva y Urgente” las bordadoras santiagueñas que siguen juntándose y bordando, bordando…
Esta actividad es maravilosa, muchxs bordaron, cebaron mates, sacaron fotos, hicieron videítos, hablaron, contaron…
Entre ellas una mujer que me dijo que había conocido a Helena u sus hermanos en la juventud; otra que los conoció en Córdoba y que eran hermosas personas.
A la Mary que compró la tela, cosió, y se tomó el trabajo de unir para que cada uno de los bordados estuviera unido en la bandera que nos convocó.
Las historias que se tejen bordando. Recuperadas muchas, asombrosas otras, emocionantes todas. En mi caso cuando vi en la bandera el nombre de Helena Harriague, sentí que salía del olvido y el silencio. Que estaba con nosotrxs. También sus dos hermanos: Jorge (asesinado) y Federico (desaparecido).
